jueves, febrero 01, 2007

LOS BENEFICIOS DEL BDSM - (I) - La historia de Juan y María - EL CONFLICTO

El relato que sigue describe la historia de una pareja
atrapada en una relación destructiva no sólo en su vida
afectiva sino incluso personal. La pareja consigue superar el
infierno creado por ellos mismos, empleando para ello las
herramientas que el BDSM pone a su disposición.

Por supuesto se trata de un relato ficticio, pero parejas
como estas hay muchas. Son parejas para las que se ha acuñado
la frase “ni contigo ni sin ti“. Son parejas que han creado un
círculo cerrado del que les es imposible salir.

El relato plantea la posibilidad de si el BDSM podría
permitirles salir de ese infierno y hacer que su convivencia
fuera no sólo posible, sino también feliz


Es invierno, la tarde de un día cualquier en una ciudad
grande esta dando paso a la noche. Llueve cansinamente. En la
barra de un Pub elegante de las afueras, Juan, un hombre aún
joven, está sentado en la barra Viste una gabardina muy
arrugada y mojada por la lluvia. A pesar de la calidad de su
atuendo, su actitud, alguna que otra mancha y su barba de
varios días denotan un abandono propio del que ya no le importa
su aspecto. Inclinado sobre la barra con la cabeza apoyada
sobre sus dos manos mira hipnóticamente lo que será su tercer
whisky de la tarde.

En casa sabe que le espera una mujer que nada más entrar le
mostrará una vez más su máscara de odio y rencor, y él, sin
poder evitarlo, le responderá con igual odio. Una odio
cuidadosamente cultivado por años de convivencia desgraciada.
El licor le es imprescindible para enfrentarse a su esposa. Lo
malo es que también se está haciendo imprescindible para cual-
quier cosa.

Ensimismado piensa en el drama sin salida en que se ha
convertido su vida. Lo tenía todo. Había escalado su
privilegiada posición social de manera increíble. ¿Qué había
pasado?.

Cuando se casó con María creía que ya nada más podía pedirle
a la vida. Hasta sus sueños más queridos y los sueños de sus
padres se habían cumplido con creces. Él era de origen humilde,
hijo de uno de los capataces de la fabrica del que ahora era su
suegro.

Aún recordaba con nostalgia las visitas que le hacía a su
suegro de la mano de su padre. El patrono le pellizcaba las
mejillas mientras sonreía y le regalaba alguna chuchería. El
chico le caía bien, era vivaz, despierto. Pronto demostró una
aptitud especial para la mecánica, sin duda heredada de su
padre. Terminó sus estudios con becas y con la ayuda generosa
del patrono.

Cuando terminaba cada curso, siempre con excelentes
resultados, él iba ya adolescente al despacho de su suegro y le
enseñaba las notas con satisfacción Los caramelos habían sido
sustituidos por una estilográfica o un reloj, cosas que su
padre no podía permitirse. Juan veía en el patrono a su
segundo padre y el patrono veía en él al hijo que no había
podido tener.

Cuando llegaban las vacaciones escolares trabajaba en la
fábrica. Pronto demostró su valía. El patrono lo miraba con
ilusión. No se había equivocado al apostar por el chico. Lo
tenía decidido, cuando acabara la carrera lo podría al frente
del departamento técnico .

Cuando terminó sus estudios de ingeniería y como estaba
previsto el dueño puso a Juan al frente del mantenimiento de
la fabrica y lo confirmó con un abrazo en presencia de su
padre, éste derramó alguna lagrimilla de emoción y orgullo al
ver el abrazo que el patrono dedicaba a su hijo.

Pasaron los años. Su ascendencia sobre su suegro fue en
aumento y para su familia se convirtió en una especie de Dios
al que todos acudían. Familiares lejanísimo recordaban de
pronto su estirpe y llegaban hasta su casa pidiendo un empleo
que su hijo seguramente les podía facilitar. En su casa se
hablaba de Juan con respeto.

Un día ella apareció por la fábrica, se llamaba María, era
la hija del patrono, se rumoreaba que había estudiado en uno de
los mejores colegios de Francia y que había terminado una
licenciatura sobre arte y humanidades. Ahora volvía y todos
sabían que su madre tenía grandes esperanzas de casarla con
alguna de las grandes fortunas de la ciudad. Ni por asomo pensó
Juan que algún día sería su esposa, al fin y al cabo él sólo
era un ingeniero sin fortuna.

Lo que Juan no sabía, era que el padre de María hablaba día
sí otro también con admiración de un ingeniero al que incluso
había pagado sus estudios. Un estupendo chico al que no veía
mal como su futuro yerno. Su madre mostraba un mohín de
desprecio cuando su hija le preguntaba cada vez con más
curiosidad sobre él. Después de ella, su madre no habían podido
tener más hijos. Ella era la heredera y estaba destinada a
gente de buena familia, no a un ingeniero procedente de una
familia de obreros. Su padre se enfurecía al oír a su esposa.
Prefería mil veces a “su“ ingeniero, un chico que era capaz
tanto de hacer complicados cálculos como de ensuciarse de grasa
reparando los telares como un obrero más, mientras que esos
pisaverdes con fortuna que tanto le gustaban a su esposa, lo
mejor que sabían hacer era darle a una bolita en un campo de
hierba.

María miraba divertida a ambos. Creían que aún era una niña,
pero ella era una mujer madura y moderna y en cuanto a elegir
un hombre haría su santa voluntad, ni más ni menos.

Cada vez que visitaba a su padre, pasaba disimuladamente para
ver a Juan a través de los cristales de su despacho. María
tenía un aire desvalido que conseguía sacar de él su instinto
protector. Pasó poco tiempo para que ese instinto se
transformara en algo más profundo. Ella, cada vez más, pasaba
por su despacho. Quería demostrar que sus apariciones eran
casuales, pero él sabía que no era así.

Un día María entró en su despacho para decirle que su padre
le llamaba. Él la miró a los ojos, su mirada se mostraba más
sumisa que nunca, sabia que era suya, tenía experiencia, sabía
cuando una mujer se le había rendido. Sin pensarlo la besó,
ella se dejó hacer, sin decir nada, sin mover un músculo,
totalmente entregada.

Tres meses más tarde se casaron aunque con gran disgusto por
parte de su madre: “Ese patán -decía a su esposo hará infeliz
a nuestra hija como tú me has hecho a mí“. Él sin embargo
estaba feliz, era como el hijo que siempre había deseado tener
y que un día dirigiría la fabrica que iba a heredar su hija. No
podía pensar en otro hombre mejor para su María. Su boda fue la
sensación y la comidilla de toda la burguesía de la zona.

Al principio, la pareja funcionó bien, pero bien pronto
empezaron los problemas hasta convertir su convivencia en un
infierno. Pronto el sexo desapareció de su matrimonio y el
afecto o la ternura pasaron a ser sólo un recuerdo lejano en el
tiempo. Cada vez que Juan intentaba acercarse a ella, María
sufría una angustia inexplicable. Sus relaciones sexuales,
mientras las tuvieron, estuvieron cada vez más llenas de
angustia y desasosiego y cada vez más terminaban en gritos y
discusiones.

Juan no podía explicarse qué le pasaba a su esposa. Era una
mujer culta e inteligente, aparentemente sana. No se explicaba
el porqué de su comportamiento, pero lo cierto era, como le
confesó ella en algún momento de tregua, que ni ella misma lo
sabía.

Él no recordaba ya a cuántos consejeros matrimoniales y
psicólogos habían acudido. Nada podía romper el drama que les
atenazaba. Era increíble lo que les ocurría. Muchas veces
tomaron la decisión de separarse, una de ellas incluso llegaron
hasta el bufete del abogado. Pero al cabo de un tiempo ella
volvía dócil, sumisa e implorante apelando siempre a su
instinto protector para seducirlo una vez más. Juan no entendía
por qué misteriosa razón no podía resistirse. Temía además
desilusionar a su suegro, al que tanto quería y que tanto le
había dado. Temía perder su posición social y sobre todo temía
por toda su familia que tanto confiaba en él.

A la misma hora en que Juan se encontraba en el Pub, su
esposa se encontraba en el dormitorio delante de una bebida
dulzona. Era una soldado más de ese ejército secreto de
bebedoras vergonzantes. Al principio bebía por la noche para
escapar al momento en que él llegara, pero ahora bebía por
cualquier cosa. El alcoholismo llamaba a la puerta.

Tras varias tragos de licor intentó dormir, pero no pudo
María recordó una vez más las circunstancia que le llevaron a
la situación actual...

Ella era hija única. Cuando María nació su madre quedó
estéril, no pudo darle a su marido el hijo que tanto esperaba,
el que heredaría su fortuna y dirigiría la fábrica. Aquello
amargó las ya malas relaciones que el matrimonio mantenía. Por
su parte la esposa sabía de las aventuras de su marido con las
empleadas de la fabrica, eran la comidilla de la ciudad. Las
discusiones eran agrias.

A veces cuando María era aún pequeña, los gritos de su padre
la despertaban. Ella presenciaba desde lo alto de la
balaustrada de la escalera, aún agarrada a su muñeca, como su
padre gritaba e insultaba a su madre. La mayoría de las veces
la niña lloraba, espantada por la violencia verbal que su padre
empleaba. Cuando él se daba cuenta dejaba inmediatamente de
gritar a su esposa para subir presuroso a consolar su
“princesa“, la “niña de sus ojos“. La cogía en sus brazos y la
llevaba a su dormitorio en donde con gran ternura y dulces
palabras, la acunaba hasta que se dormía.

Mecida por su padre, la niña se debatía entre dos
sentimientos contrapuestos, odiaba a su padre por el maltrato
al que sometía a su madre, pero al mismo tiempo anhelaba la
calidez y la seguridad de estar entre sus brazos. Se sentía
culpable por recibir tantas atenciones de un padre que había
hecho llorar de humillación a su madre.

Lo que su padre no sabía, es que mientras mecía a su hija,
estaba acunando en ella un gran sentimiento de culpa por
haberle seducido para que la acunara, para que se ocupara de
ella mientras su madre quedaba abajo llorando, al mismo
tiempo que lo odiaba por el maltrato al que sometía a su madre.
Este conflicto por ser repetitivo anidó y se desarrolló en su
interior hasta formar un complejo de amor-odio. Este complejo
marcaría un modelo de conducta que afectaría para siempre su
sexualidad y su manera de amar.

María raramente podía mantener relaciones sexuales con su
marido y si las mantenía estaban llenas de angustia y
terminaban con rechazos, discusiones y hasta peleas. Le gustaba
el juego de implorar su protección (cómo un día hizo con su
padre tras la balaustrada de la escalera), para luego
rechazarlo con odio, el mismo odio que un día sintiera por su
padre. Al final se odiaba también a sí misma por lo que hacía.

Después de cada reconciliación solía haber un corto espacio de
felicidad, pero al cabo de unos días invariablemente volvía el
odio irracional que les consumía.

(Continúa...)

El Faro
elfarosm@yahoo.es

7 comentarios:

aysha dijo...

Me encanto, hasta ahora es lo mejor que he leído, ojala pudiera leer mas historias así, fue tierno, romantico, real.
un saludo
aysha

El Faro dijo...

Gracias por tus dulces palabras aysha. En cuando encuentre un hueco, publicaré más historias como ésta, buscando siempre la cercanía a la realidad del BDSM. Historias hermosas...y a ser posible, con final feliz .

gata dijo...

Ummm

¿Estas seguro que el BDSM seria la solucion para Maria?
No se, yo pienso que ella acabaria por encontrar la manera de castigarse por lo experimentado cuando era niña..

sarah dijo...

Bueno, no opinaré en si Maria sera salva por los beneficios del BDSM, pero si, sobre como influyen los malos tratos en los hijos..

besos

sum dijo...

No puedo mas que desear que las musas pasen pronto...

Me encantaría saber que final le da su mente.

sigo bajando que me tiene prendada...

selene18 zuster{CVB} dijo...

Ademas de Mentor, ¿escribe? Cielos :D Monsieur El Faro es un hombre de multiples talentos.

Bien por usted, y gracias por compartir esta historia.

Seré franca: muchas historias hetero (BDSM o no) me han dejado un regusto extremadamente desagradable por el poco realismo y machismo que se desprende de ellas... pero al leer esto, me quedo tranquila pensando que si hay gente que sabe escribir pensando con la cabeza y el corazón, y no con otra cosa.

Saludos!

leo dijo...

Estoy, explorando un nuevo mundo, es grato encontrarte como luz, en este inmenso mar...

creo que el bdsm no es una solución pero es una respuesta múltiple para muchas preguntas...

Saludos